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MEDICINA Y SOCIEDAD
REVISTA TRIMESTRAL - ISSN 1669-7782
Año 31, Nº4 2011
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Argentina: Crean en el país la primera vacuna contra la hidatidosis
30 de septiembre de 2011 – Fuente: Clarín (Argentina)
Argentina desarrolló una vacuna contra la hidatidosis, la zoonosis con mayor número de casos en seres humanos reportados en el país. Es la primera vacuna del mundo contra un parásito y, al aplicarse al ganado ovino y caprino, permitirá cortar la cadena de trasmisión de esta enfermedad endémica, que representa un riesgo para 5 millones de personas y, en particular, para 500.000 menores de 5 años, y que causa en el país pérdidas anuales por 183 millo-nes de pesos.
La vacuna, que será producida en el país por el laboratorio argentino Tecnovax y en cuyo desarrollo participaron investigadores australianos, neozelandeses y argentinos, ha demostrado brindar hasta un 100% de protección en los animales vacunados –ovejas y cabras, fundamentalmente–. Fue presentada ayer por el doctor Oscar Jensen, del Departamento de Investigación en Salud de la Secretaría de Salud de Chubut, que lleva 30 años luchando contra la hidatidosis . Participaron en el acto los ministros de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao; y de Industria, Débora Gior-gi; y el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Lorenzo Basso.
En 2010 se notificaron 385 nuevos casos de hidatidosis, una enfermedad crónica que se caracteriza por la forma-ción de quistes en distintos órganos, en especial en hígado y pulmones. Pueden pasar desde algunos meses hasta varios años antes de que se presenten síntomas, que requieren de tratamiento médico o incluso quirúrgico. Los ca-sos más graves causan entre 10 y 15 muertes por año.
El parásito Echinococcus granulosus suele hospedarse principalmente en ovejas y cabras, pero también en vacas, cerdos, caballos, llamas y alpacas; también en animales silvestres como guanacos, vicuñas, zorros y liebres.
Llega al humano a través del perro, que se contagia al comer vísceras de animales infestados, en especial duran-te la faena. El parásito completa su ciclo en el intestino del perro que, al defecar, elimina huevos que contaminan el ambiente. El ganado los ingiere al pastar o beber, y así se mantiene el ciclo de la zoonosis.
Las personas pueden infectarse al ser lamidas o al acariciar a un perro parasitado, e ingerir los huevos; al alimen-tarse de verduras, o al beber agua contaminada con materia fecal de un perro. “La mayoría contrae la enfermedad de niño, en el período en que comienza a gatear, hasta que se aleja del piso, y empieza a ir a la escuela y a tener hábitos de higiene”, observa Jensen.
“El ciclo del parásito se conoce desde hace más de 180 años; el control de faena se estableció por decreto presi-dencial en 1908 –recuerda el médico veterinario–. Es un parásito asombroso, con una capacidad de supervivencia extraordinaria. Si pasaron tantos años, es que se trata de un problema complejo”.
Hasta ahora se buscó frenar los contagios de varias maneras, como control de faena, y educación sanitaria para que los pequeños productores no alimenten a sus perros con vísceras crudas. El mayor esfuerzo apuntó a desparasi-tar a los perros, lo que debe hacerse cada 45 días, con un antiparasitario que provee el Ministerio de Salud de la Nación.
“En Chubut estamos usándolo desde 1984. Hay cada vez menos casos gracias al esfuerzo de los agentes sanita-rios. Pero a veces llegan al puesto y los perros no están; tienen que dejar las pastillas, pero el productor no se las da. Y siguen enfermándose niños”.
La vacuna Providean Hidatil EG95®, puesta a punto en Argentina, apunta a prevenir la enfermedad en el ganado. “Nuestra preocupación desde el Estado son los 50.000 pequeños productores ovinos y caprinos, que tendrían unos 4 millones de cabezas”, resalta Jensen.
Si bien reconoce que “es un problema de salud pública, porque es una de las zoonosis que mayor mortalidad cau-sa”, el director nacional de Epidemiología, Horacio Echenique, admite que “desde la Nación le vemos una dificultad a la vacuna: a diferencia de la aftosa y de la brucelosis, la hidatidosis animal no provoca grandes pérdidas a los pro-ductores, con lo cual perdemos un aliado importante, porque no disminuye la producción cárnica. No van a tomar como propia la responsabilidad de aplicar la vacuna, y menos de comprarla”.
Jensen ofrece otra evaluación: “Es una enfermedad crónica que no mata al ganado, ni produce pérdidas eviden-tes. Pero sí hay una pérdida subclínica, del 10% en la producción de carne, y otro tanto en la producción de lana en los ovinos”.
Por eso reclama “sumar esta nueva herramienta a los programas que ya tenemos”, e incluir la vacuna en un pro-grama nacional que, además del Ministerio de Salud, sume a otras instituciones, como el Servicio Nacional de Sani-dad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y el Programa Prohuerta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Ayer, el secretario de Agricultura y Ganadería, Lorenzo Basso, se mostró predispuesto a la propuesta.
“Ayudar al pequeño productor tiene que ser una preocupación del Estado para cuidar a la gente, y que no se en-fermen esos 500.000 chicos que están en riesgo de contraer hidatidosis –insiste Jensen–. Si además podemos lograr que el productor logre tener unos kilos más de lana y de carne, mejor”.
“La vacuna se basa en una pequeña parte de la membrana externa del parásito”, explicó el licenciado Diego La Torre, director de la compañía Tecnovax, que producirá la vacuna. La idea pionera de emplear tecnología recombi-nante para clonar el ADN del parásito y elaborar a partir del mismo una vacuna es de David Health, del Centro de Investigación Animal de Nueva Zelanda, y de Marshall Lightowlers, del Laboratorio de Parasitología Molecular de la Universidad de Melbourne, de Australia.
A esa idea se sumaron, en 1995, investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), pertenecientes al Centro Regional de Investigación y Desarrollo Científico Tecnológico (CRIDECIT) y al Centro de Virología Animal (CEVAN), además de los expertos de la Secretaría de Salud de Chubut. El desarrollo local de la vacuna fue financiado con el apoyo de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Técnica.
En Argentina, al igual que en Australia, China y Nueva Zelanda, se realizaron los estudios de campo en ovinos con la vacuna entonces experimental, estudios que demostraron que tres dosis de la vacuna –aplicadas en los trabajos previos a la parición y en la esquila, con un refuerzo anual– permiten obtener una protección del 100% contra el E. granulosus. Si el ganado está protegido, el parásito no llega al perro, y tampoco al ser humano.
“La vacuna ya se encuentra aprobada en la Argentina y está en proceso de aprobación en otros países de la re-gión –comentó La Torre–. Pronto comenzará a ser exportada”.
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